Cuento para las noches eternas.

Tener un animal de compañía puede ser una estupenda terapia para las personas enfermas, son cariñosos, te sientes acompañado y te mantienen activos.
Este es un pequeño homenaje a nuestras queridas mascotas.
 
El perro escucho un ruido, algo se removía en la cama, levantó las orejas y se acercó despacio a la cama, en ella, la mujer se removida intranquila.
El perro la observó, sabía lo que pasaba, como tantas otras noches la mujer tenía pesadillas.
Empezó a gimotear, intranquilo, era una situación que le atemorizada, si hubiera algo a lo que morder, lo mordería para defender a su ama, pero ese ataque no lo podía repeler, solo podía hacer una cosa en esos casos… lo que siempre hacía.
Salto a la cama y se acurruco junto a ella, observándola.
La mujer se debatía en sus sueños, el perro intranquilo, movía el rabo y daba vueltas en la cama, gimiendo y ladrando.
La mujer despertó de un sobresalto.
Se quedó mirando al perro, medio dormida, con la respiración agitada, y miró al perro aliviada ya que sus ladridos la habían rescatado de su pesadilla.
El perro se acurruco a su lado, feliz y satisfecho, la mujer le acarició entre las orejas, observando al animal detenidamente, pensando, otra vez, en lo oportuno del ladrido del animal, que la había traído de vuelta al mundo, sacándola del horror de la noche que la acosaba.
Se durmió de nuevo, con un brazo encima del animal, mientras el la observaba en silencio, vigilando su sueño.

hdr
Yo y Leo

 

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